La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada. José Ortega y Gasset

domingo, 30 de octubre de 2011

"Oh wow. Oh wow. Oh wow".



Estas  fueron las últimas palabras del cofundador de Apple, Steve Jobs, según contó su hermana, la famosa escritora Mona Simpson, quien detalló que el creador del iPhone parecía estar en un "arduo viaje".

Noticia tras noticia nos invaden sobre los últimos días de un visionario según muchos, y de un hacedor de megaconsumers según otros. Una generación que ha conocido Apple como una religión electrónica, ha creado un mito que al fin y al cabo termino, como cualquiera de nosotros acabara. A caballo pasado nos regalaran sus virtudes y redondearan sus defectos para no hacerlos feos, nos comentaran sus batallas en los años de esfuerzo que le llevaron a ser un numero uno, pero como he dicho antes acabo como acabaremos todos, recordados por cosas que hicimos bien para algunos y no tan bien para otros.

Algún gracioso pensaría que sus últimas palabras, fueron un recuerdo de alguna fiesta en la mansión plaboy, en vez del “arduo viaje” que se imagino su hermana.

Descanse en paz

Que no…



Mezcla de negación y complacencia de un no puedo aunque quisiera.

Para recordar o volver a vivir un episodio de la infancia solo se requiere un elemento que dispare ese recuerdo, un olor, un sonido, una imagen, y a borbotones aparece ese recuerdo que tenemos entre sueños, ese recuerdo que tenemos idealizado.

La búsqueda de lo misterioso de lo prohibido parece coto privado de la niñez, aunque es algo que nos lo deberíamos hacer mirar.
Negar a tu hijo algo porque ves lo que puede pasar e intentas evitar el pasar ese episodio, no siempre resulta productivo. Como seres humanos necesitamos experimentar, equivocarnos y aprender a base de cometer errores y enmendarlos.

 Por decirlo de otra forma los niños (y a veces los adultos también) necesitamos aprender a base de resolver errores .Y esa necesidad no se debe eliminar de nuestro desarrollo, de nuestro ADN.