La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada. José Ortega y Gasset

jueves, 25 de octubre de 2012

Los clicks emocionales, sonrisas y lagrimas en la intimidad




Los clicks emocionales, son como pequeños mensajes que surgen de vez en cuando para, destapar lo que tu sonrisa, tu mirada o tus palabras pretenden ocultar.

Lo común es falsear el día a día, sobre todo ante los desconocidos, pero no solo ante ellos. Falsearlo, ocultarlo, como se quiera llamar, la cuestión es que somos muy reacios a las reacciones emotivas ante los demás.

 Por un motivo u otro nos guardamos lo que pensamos de alguien, lo que sentimos, lo que querríamos gritar, para otro momento, y... ¿Qué momento es el mejor? La verdad es que no lo suele haber, la verdad es que no lo hay, el momento es durante el clic emocional, pasado este todo comienza a ser un amasijo de sentimientos mezclado con la razón y ahí comienza el fracaso emocional.

Negar en muchas ocasiones los clicks emocionales nos condenan a un encierro emocional, a una tortura mental con abrazaderas de sentimientos que no encuentran el camino de salida.

Estos clicks ,si los liberas, durante un instante te llevan a la posición que necesitas, al mundo que te gustaría vivir o al menos no ocultar. Serian la presentación de, soy yo y soy así , es lo que siento.

La única cosa de la que nunca me gustaría arrepentirme, es de que alguien me conozca tan bien, a través de mis clicks. Y simplemente desapareciera con ellos. Seria como si se llevara parte de mi

…………Pero la vida no es perfecta.    



domingo, 14 de octubre de 2012

Mi ultimo día, como si fuera mi ultimo día




Hoy me he levantado, era todavía de noche, despacio, con una parsimonia antagónica a mi, me prepare un café. Como un buen amigo y utilizando su imagen retórica  diaria de la taza de café, y la sinestesia que recrea su aroma y color, me senté en el balcón esperando el amanecer y lo contemplé. El tiempo parecía mas lento de lo que suele ser, la luz poco a poco descubría el cielo y el mar, y yo mientras disfrutaba de mi café. Como si fuera mi último día, disfrute del amanecer.

A continuación me puse mi atuendo rutinario deportivo y me fui a despertar a mis hijos, los contemple mientras abrían los ojos entre sonrisas y la desorientación que se manifiesta al despertar .Me senté a desayunar con ellos, mientras veíamos los dibujos animados que les gustan, mientras comentábamos que hacer durante la mañana.

Un rato de fútbol, un rato de baloncesto, unas sonrisas y la mañana pasó con demasiada celeridad. Comimos juntos mientras, como si de un grupo de pensadores e ilustrados se tratara, discutíamos a que jugar. Más sonrisas, y la sensación de un momento eterno. Disfrute de mis hijos como si fuera mi último día

Al final de la tarde tomaba un refresco con una vieja amiga, aunque la veía con la misma juventud con que la conocí, sonrisa sempiterna, mirada afable. Una cascada de anécdotas, medio olvidadas, llenaron la conversación. Me despedí, con un abrazo y un adiós, como si no fuera a verla más.

Con el sol oculto, comencé a correr cerca de la playa, a ritmo firme, viendo pasar lugares y personas con la mente casi en blanco, solo escuchando mi respiración y ensimismado con el latido de mi corazón. Una ducha reparadora y saboreando mi ración de ejercicio como si no fuese a repetirse.   

Tras cenar me senté en la tumbona del balcón, con música de Queen, y comencé la x-gesima lectura de  “El principito”, devorándolo como si fuera mi ultima lectura.

Pase un día extraño, mientras corría y dejaba personas atrás me di cuenta de que era uno más, eso me hizo llorar, pero comprendí que podía disfrutar de mi vida aprovechando mi último día, como solo yo lo haría. Emocionalmente, un día intenso, diferente solo porque lo disfrute como mi último día.