La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada. José Ortega y Gasset

viernes, 25 de julio de 2014

Un día me enamore, al siguiente la muerte me alcanzo,y hoy sigo decidiendo si ir hacia arriba o hacia abajo.



Contar algo tan profundo de alguien requiere un permiso especial, un permiso con fecha de autorización , y esa fecha ha llegado , podía haber sido una fecha especial , podía haber sido un día con algo.... al final ha sido hoy

Fernando murió y 30 días después debía contar su "verdad", esto me pasa por escribir y que los amigos te lean, y soltarlo así supongo que porque poco mas podía contenerme, en realidad tardo mas de los 30 días  a los que me comprometí, pero no sabia muy bien que hacer .

A ver resumiré un poco el tema para no hacer una novela rosa, repetitiva y tediosa, como muchas historias. 
Fernando, como profesor de primaria, era un hombre que disfrutaba con lo que hacia, que sonreía cuando acababa el día, que tenía ganas, un lunes, de ver a sus pequeños proyectos de grandes personas, en fin, alguien envidiable en la manera que se entregaba a su trabajo.

Era "relativamente " feliz, y un día una sonrisa y una mirada quebraron su "relatividad". Lola tenía unos ojos, de esos que sacan lo mejor de ti, de esos a los que no puedes parar de sonreír.

Pues como no podía ser de otra forma Fernando y Lola, tuvieron una bonita historia, corta pero bonita. Como acabo queda entre ellos y yo, que conozco la historia, ponerle vosotros el porque. Fernando, comenzó a no ser Fernando, comenzó a no sonreír los lunes, comenzó a no disfrutar de la vida .comenzó a darse cuenta de necesitaba ser feliz de nuevo, comenzó a darse cuente que para serlo, la necesitaba, necesitaba la " relatividad " que le proporcionaba Lola, al tiempo que se daba cuenta que no la volvería a ver, empezó a entender "su muerte".

Fernando, tenía un día a día que preocupaba a los que les rodeaba, Fernando acabó desapareciendo, y no mucho después " su enfermedad " se lo llevo. Antes de irse bromeaba con que tendría dudas de elegir donde ir, decía q arriba no sería tan feliz como lo fue con Lola pero que para abajo tampoco sufriría tanto como lo hizo sin ella, sufrió con sus palabras y la lejanía que dichas palabras ponían entre ellos.

Muy bien no supe que se lo llevo, los médicos dijeron a su familia que un cáncer se lo llevo, su hermana y yo que conocíamos la historia , creíamos que el cáncer era la excusa que se buscó para irse, para que su sufrimiento no siguiera creciendo.

Pienso que no se dio tiempo para encontrar otra excusa para seguir aquí, pero tampoco puedo juzgarle  por intentar amar y morir por ello.

Su hermana me abrazo , mientras desaparecía entre la tierra. Lola no estaba , tampoco nadie le dijo nada, ni siquiera se sí lo sabe todavía. Dudo si llamarla , dudo si contarle algo, lo único que podría hacer es hacerla sentir culpable y Fernando no me lo perdonaría .

Creo que a día de hoy, Fernando no se ha decidido donde ir , no se sí algún día se decidirá , igual me espera para que en mi camino le ayudé a decidirse. Igual la espera a ella para acompañarla en su camino.


No quería que fuese demasiado triste lo que he contado, pero no encontré otra forma de contarlo. Sólo me quedo con la sonrisa de Fernando durante el tiempo que fue feliz, sin "relativamente".


viernes, 18 de julio de 2014

Conversando con Casimiro



Últimamente no salgo de estos temas, pero la realidad, mi realidad, manda y cuando solo ocurre que la gente que conoces desaparece, todavía más.

Cristina siempre se las daba de valiente, siempre era la que hacia frente a los problemas, a las situaciones comprometidas, a los municipales, a todos cuando algo no le cuadraba.
Me imagino que después de una charla con ella, unas cuantas horas de cafés, y de sinceridad. Me perdonara este relato J .

Estaba de punta en blanco como decía mi abuela, aunque era un traje ligeramente rosa, para los puristas un tono lavanda. Como decía, estaba en la parada de autobús, junto a ella un señor de unos 80 años con cara amable, podría decirse que con el aspecto del abuelo de Heidi.
Ella le miraba de vez en cuando mientras esperaba en la parada, el mantenía la mirada en el horizonte mientras sonreía. Cristina era de las que no podían estar sin hablar mucho tiempo, así que se dirigió al anciano.
- “Buenas, como esta”
El anciano se giro, sonrió y con voz profunda y grave le respondió
- “Bien cristina estoy bien, y tu”
Cristina se sorprendió, conocía su nombre, “yo no conozco a ese señor de que me conocerá?”.
Volvió a dirigirse a el, esperando recordar de que le podía conocer, esperando reconocerle o que  descubriera el mismo de que la conocía.

- “Bien esperando como usted supongo, aunque hace un día tan bueno que la espera se hace relajada ¿no?”
- “si Cristina, hace un día perfecto” mientras seguía sonriendo.

Esto no estaba funcionando, como seguir sonsacándole sin que se percate. Uff, quien era ese señor?
Cristina sonreía, esperando que el anciano siguiera la conversación, pero no era así y la sonrisa podía convertirse en sonrisa de tensión.
El anciano de repente comenzó a hablar.
-“Que quieres que te cuente Cristina?, donde te conocí? , cuando? , o quizás prefieres, un resumen de todo”.

Cristina no se lo podía creer, le había leído la mente o que, era tan evidente que no le conocía? , el anciano se había percatado tan rápido.
-“Verá, tengo un día, y con lo despistada que voy a veces…” se sonrojo levemente.
- “No te preocupes Cristina, mira me presentare. Me llamo Casimiro aunque me conocen por otros nombre la verdad es que tengo unos cuantos, pero no viene a cuento. El tema es que mientras esperamos te puedo contar algunas cosas sobre ti.”
Cristina no salía de su asombro, miedo y curiosidad era lo que notaba.
Solo salio de su boca un tímido “vale”.

El anciano sonrió y comenzó a contarle historias sobre ella. Los ojos de cristina se hacían cada vez mayores, sorpresa, confusión, no entendía nada.
Tras un buen rato el interés por la conversación la relajo, y en algunos momentos sonreía. Pasaron muchas horas y pero no se hacia de noche.
Llegado un punto el anciano se levanto con ademán de despedirse. Cristina inquieta, confusa se levanto de un salto.

-“Entonces, Casimiro ahora tengo que ir yo sola?”
Casimiro sonrió,
-“podemos si quieres dar un paseo y hacerlo todo lo largo que quieras”.
Cristina, sonrió de nuevo.
-“Y me contaras mas de mis amigos y familia”.
-“Si, Cristina y sabrás, por fin, quien te quiere, y quien te ama, y quien te echa de menos y quien se preocupa por ti, y quien fue sincero contigo y quien estuvo siempre a tu lado sin saberlo, y quienes estuvieron en tu vida”.

Comenzaron a caminar
 - “Casimiro?”
- “Dime Cristina”
- “Te puedo llamar muerte, siempre he sido un poco rarita para esto".
Casimiro sonrió de nuevo,

-“ claro como tu quieras te he dicho que tengo muchos nombres”.

PD un abrazo desde mi corazon

martes, 15 de julio de 2014

Malditas promesas, bailare sobre tu tumba



En las ocasiones en que los amigos te llevan de copas, fiesta “u lo que sea”, se recomienda no hacer promesas, ya que puede resultar perjudicial para la salud a la larga, o no tan larga.

Lo de prometer ir al gym después de navidades o antes del verano, es muy socorrido, ay cuanto daño hace el alcohol. Lo de prometer portarse mejor con los vecinos, si esta bien, hasta que te pillan el ascensor 3 veces seguidas y se te hace tarde para ir al trabajo, entonces te c… en sus muertos. Tampoco esta nada mal, el prometer comportarse mejor en ciertos actos sociales en los que a lo mejor a uno no le apetece estar. Eliseo es de estos últimos, siempre ha tenido un problema con lo que denomina el, la “burocracia social”, o el “paseo de los absurdos”, ambos términos acuñados tras varias bodas y otros actos sociales. 

Eliseo siempre ha pasado por el aro social, como todos en muchas ocasiones. Un buen día, se le ocurrió que si asistía a dichos eventos, lo haría como ese día le viniera en gana , es decir , si tenia poca gana, disfrazado de payaso o eso le gustaba decir , en fin ,que acabaría provocando el efecto contrario del que pretendía, llamando la atención ,en vez de pasar del evento.

Pues en esas que Eliseo no hace mucho, y como comente antes, embebido del embrujo del alcohol, llevo su promesa al extremo. Diana tenía una fijación por los eventos de todo tipo y de la misma manera que Eliseo, embebida de los encantos de las copas de Baco, comenzó una puja de atrevimientos, más propia de adolescentes, que de veteranos en la vida social. Después de unas cuantas copas y risas la frase “en la próxima lo hago, te prometo que lo hago”, se quedo resonando en el grupo que estábamos, la palabra te prometo quedo casi a solas en el silencio que se hizo.
Conocíamos a Eliseo y sus promesas las cumplía.

12 de junio de 2014, eran las 9:30 ya hacia calor, un grupo de gente de traje oscuro miraba el féretro, donde estaba Andrés, mientras desaparecía en el hueco de tierra. Gire la cabeza, y allí estaba Eliseo con una chaqueta cuero rojo de los ochenta, con unos auriculares y moviendo la pierna al ritmo de Elvis. No pude mas que sonreír, en realidad creo que hasta el sacerdote lo hizo. Mientras bajaban el ataúd continuaba con su contoneo de caderas  hasta que sellaron el hueco estuvo a ritmo de rock and roll. La madre de Andrés acerco a Eliseo y le susurro al oído mientras le daba un abrazo.

Tras marcharse Eliseo bajo la cabeza se alejo de aquel lugar, le seguíamos a poca distancia Diana y yo comentando que podía ser lo que le habían dicho a Eliseo. Tras pararnos para despedirnos Diana miro a Eliseo, asintiendo “promesa cumplida”.

La promesa no fue un mero cachondeo, un mero estoy aquí y me río de la sociedad, fue un, en el próximo entierro asistiré recordando un momento increíble vivido con esa persona y romperé una regla social que no me gusta. Y así lo hizo, recordó el primer guateque al que asistió con Andrés en el que bailaron a ritmo de Elvis en el que se les hizo de día en buena compañía, en el disfrutaron de su juventud.


La madre de Andrés simplemente se lo agradeció. Eliseo simplemente le despidió con un baile, aunque cumplío su promesa, no le gusto tener que hacerlo con Andres, no le gusto sufrirla con él.