La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada. José Ortega y Gasset

miércoles, 13 de julio de 2016

Miguel y Noelia, arquitectos resilientes.



Muchas veces lo digo y por muchas veces que lo repita, sigo sorprendiéndome de la gran habilidad ,que como seres humanos , tenemos para ser constantes resilientes y creativos, aunque la situación sea adversa.

Ahora en verano es frecuente ver a la gente en el borde de la playa jugando con la arena, digo “gente” por generalizar, ya que no solo los niños lo hacen. Así que, como en las obras reales, tenemos a pie de playa todos los elementos de una construcción, el obrero (niño/a de turno), el jefe de obra (padre/madre), y el publico a pie de obra (aquí suele coincidir, con la imagen de un anciano observador, aunque suele haber otros). En ocasiones, lo que empieza siendo un juego sin más, donde la creatividad del niño/a y su imaginación deberían ser las fortalezas de la construcción, acaba con la intervención del “jefe de obra” u otros observadores, para “mejorar” la construcción, dejando de observador al principal protagonista de la construcción inicial. Intervencionismo? , “educación prusiana”, presión por el trabajo eficiente?, la verdad es que la sociedad nos ha obligado a pensar, que nuestros vástagos tienen que ser mejores en todo, superar a todos, pero ese todo es material, nadie se preocupa del crecimiento moral o emocional del menor, dejando que construya un simple castillo a su manera podemos observar mucho de cómo aprenden y mejoran, y ver de otra forma, que no todo el aprendizaje es como creemos que es.

Miguel y Noelia son dos amigos, simplemente pasando un día de playa. Desde la sombrilla bajo la que estaba escribiendo, me percate de que los dos, armados con cubo y pala, hablaban con sus mayores para ir cerca de la orilla, a construir un castillo de arena. Había algo en ellos que me llamo la atención, intervenían coordinadamente para dar todo tipo de explicaciones que convencieran a los mayores de su nueva situación, parecía una presentación propia de una pareja de abogados frente al jurado. Tras unos minutos sonrieron y con la aprobación de los adultos, comenzaron camino hacia la ubicación conseguida. Una vez allí comenzaron a construir algo similar a una montaña de arena, seguían coordinándose como trabajadores veteranos, dándose instrucciones mutuas, resolviendo problemas en el amontonamiento y sujeción de la arena. La situación cercana al agua, hacia que la construcción tuviera problemas de estabilidad, los dos se pararon de pie mirando la construcción, (yo en alguna ocasión, con la fascinación del adulto que cree que todo lo sabe resolver, tuve la tentación de acercarme a ayudarlos, reprimiendo mi tentación, preferí levantarme y acercarme a la orilla a observar y oír lo que trataban). Como decía, se encontraban de pie frente a la construcción, y su conversación trataba de cómo lograr que el castillo aguantara, propusieron varias formas que iban probando, y que el agua finalmente hacia caer, ante cada fracaso, Miguel y Noelia miraban la situación, analizando y de nuevo intercambiando ideas, tras bastante tiempo de “juego”, los adultos llamaron a Miguel y Noelia, recogieron sus instrumentos de juego y corriendo regresaron.


Recapacitando sobre el juego, había visto como se trabaja en equipo, como se resuelven problemas, se implementan soluciones, aparece un “brainstorming” para el proyecto, y sobre todo constancia y resiliencia, todo esto es lo que en el mundo adulto se necesita, no?, y con el juego sin intervención de adultos se habían planteado todas estas situaciones. Mi abuelo solía decir obviedades, pero no por ello dejaban de ser ciertas, “Los niños, no son tontos, son niños”. 

Tal vez lo único que nos dice esto, es que el punto de vista de un adulto esta contaminado de demasiadas experiencias, que tapan a otras igual de importantes, tal vez intentamos en ese afán de evitar males , privar de experiencias negativas como la frustración al o la menor , pero de todas se sale fortalecido, igual solo deberíamos observar los juegos e intervenir al final (feedback), para preguntar si lo pasaron bien y que hicieron, o incluso mejor, ponernos en modo niño/a, quitarnos el abrigo de adulto y dejarnos ese bañador de recuerdos con el que jugábamos sin complejos en la playa, jugando con ellos , compartiendo descubrimientos como si fueran nuevos realizando ideas locas, simplemente porque salgan de un consenso, os dejo que penséis mil más, que seguro encontráis, yo voy a ponerme mi modo niño y escribir un cuento para la próxima entrada , disfrutad del verano….      

               

miércoles, 6 de julio de 2016

El saco de Daniel



Hace poco tiempo que Daniel vino a visitarme, con la excusa de un café debido, pero con el hecho de que necesitaba de un “psicólogo” de café y tarde lluviosa. Daniel al igual que muchos, es de los que divaga por la vida tras experiencias, tras ilusiones, remando contra corriente aun sabiendo que no llegara al nacimiento del río que busca, simplemente acabara en un afluente perdido donde dejara la embarcación y volverá buscar un camino a pie.

Como en todos los casos, en los que Daniel venia a visitarme, llevaba  bajo su brazo la historia de una desilusión, de una melancolía, de una añoranza…
En los comienzos de la historia, mientras cogía la taza humeante de café, no pude dejar de fijarme en la bolsa que tenia colgada del hombro, a modo de cartera, pero parecía hecha de tela de saco.

La historia como otras muchas, pretendía ser la de una desilusión, la más que probable esperanza, de que las personas sean como pensamos, que deberían seguir el camino marcado por nuestro recto y trabajado “pepito grillo”. Contaba la desilusión con una amiga, con la que termino la relación tras unos años de compartir vivencias. Su frustración por no haber podido o sabido llevar esa situación.  

Había tenido la misma conversación con Daniel más de una docena de veces, pero se ve que “en la repetición de la plegaria esta la penitencia”. La misma respuesta le di:

 “Daniel debes vivir y hacer lo que creas que debes y no esperar que la gente haga lo mismo que tu, simplemente porque no son tu, cuando algo acaba no busques explicación, guarda los momentos que merezcan la pena, para recordarlos, y sigue buscando otros”.

Esta vez, Daniel asentía, como sabiendo que yo iba a ser igual de “cansino” que las otras veces, reconociendo en parte la razón de la frase. Pero note que la cara de Daniel tenía algo más que decirme. Así que espere en silencio, a que se arrancara con algún nuevo tema, el sonrío, agarro su bolsa de saco, la puso sobre la mesa y dijo:

“Te he hecho caso aquí tienes”, puse cara de circunstancia, como esperando más explicaciones.

“Veras, con un saco que tenía, he hecho una bolsa donde guardar esas experiencias, durante un tiempo, meto en la bolsa algún objeto o foto que me haga sonreír recordando, hasta que creo que ya no lo necesito y guardo el objeto , tengo la bolsa como mi saco de recuerdos y eso me ayuda a llevarlo mejor ”.

Tras unos segundos de asimilación, le respondí en un alarde de sinceridad:

“Daniel eres muy “rarito”, por no decirlo en ingles (“freaky”), pero si a ti te sirve”.

Daniel sonrió, y de sonrisa paso a risa.

Lo que acabamos haciendo para poder salir emocionalmente de las situaciones, sino fuera así, igual no tendría sentido tener un blog , digo yo.