La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada. José Ortega y Gasset

jueves, 1 de diciembre de 2016

Los hombres de Paco o como no darse cuenta, de que no haces más que meter la pata.

La verdad sea dicha, tenia la sensación de que era un día en el que algo no iba a ir bien. Pero me equivocaba, era “todo” lo que no iba a ir bien.  En ese camino, en el que realizar trabajos creativos, requiere de toda tu atención y concentración, ocurre que tu parte de inspector Clouseau surge de tu interior, gritas por formar parte de “los hombres de Paco”, -“soy tu hombre”-.

Todo comienza, trabajando en un proyecto en el que tardas un par de días entre notas y lecturas, en comenzar a darle aspecto de algo bueno , vas guardando ideas, vas escribiendo partes del proyecto , te vienes arriba y de manera inconsciente crees que el mundo esta en tus manos. Ahí llegas al éxtasis creativo, al modo semidiós de “God of War”, la claridad de Santa Teresa, cuando de repente aparece un mensaje de “restaurar”, pulsas “Yes” mientras te ves en una nube de sensaciones, y escuchas a un mortal que te grita desde el inframundo

- “beeeeeeeee careful” –

Mientras piensas, -“que me vas a contar, insignificante cosita”-.

 El sistema se pone en modo negro, desde los avernos surge una figura que te congela el aliento, mientras tu cerebro de semidiós se da cuenta de lo que has hecho. Bajas 256 niveles de golpe, quedándote en modo babosa pre-jurasico. Mirando la pantalla como si esta fuera a concederte un último deseo – “iluso” -.

Oscuridad absoluta, miras a tu alrededor, nadie te vio, pero sabes que has cometido un gran error que  perdiste dos días de tu vida, que el destino te llevo cerca de “Vallhala” para contemplar aquello que pudo ser y luego te quito vilmente el anhelado sueño.

Tras un buen rato de pensamientos adornados con todo tipo de figuras retóricas, te dices a ti mismo -“burro”- dejándote llevar por ese contundente hombre de Paco, que llevas en tu interior mientras que tu “Clouseau” interno intenta toquetear más el aparato infernal, que se llevo tu sueño, haciendo que aquello todavía genere más destrucción.

Después de un lapso de locura huérfana del sentido común, te sientas, meditando sobre lo ocurrido, razonando lo irrazonable y colocando de nuevo al buen juicio en la casilla de salida. Construir de nuevo la “pirámide de Keops”…………no es fácil, pero es el trabajo.

Detrás de tanta figura retórica, seguramente para ocultar mi error informático de manera ladina, paso a deciros que acabo de descubrir mi momento “hombres de Paco”, podía haber sido de otra forma, que se le va a hacer……escribiendo creo que ha sido el único momento en el que he sonreído. En fin, que mañana será otro día Sr. Clouseau………    





lunes, 1 de agosto de 2016

El Conde y el Golem


 No hace mucho tiempo, escuche una historia, bueno solo era una reflexión de un amigo, pero el hecho de hacerlo historia le da más interés...El hecho es que me hizo reflexionar sobre la forma que tenemos de ocultarnos de nosotros mismos.

Erase una vez, (uuuyy que guay!!! escribiendo yo un cuento), un condado en un valle muy alejado. Las tierras de Lothringen eran administradas por el conde Guy de Ferrieres. Los lugareños trabajaban sus tierras a cambio de un precio justo y era conocido por ser generoso en momentos de sequia o catástrofes, no exigiendo el tributo o incluso devolviendo parte de él, si los lugareños tenían problemas, toda una excepción para la época.

Unos pocos lugareños trabajaban en el castillo del conde, que protegía el valle, el conde era hombre de pocos caprichos que apenas salía del castillo y solo disponía de unos pocos criados a los que pagaba generosamente.

Adeline se incorporo al pequeño grupo de criados del conde, apenas tenía 18 años, y todo lo que conocía del castillo fue el día que entro al patio de armas en la celebración de la primavera del año anterior.

Comenzó haciendo tareas de limpieza de las estancias, poco a poco fue conociendo las estancias del castillo. Un día mientras limpiaba las bodegas, observó una puerta de madera pequeña pero robusta. La curiosidad y el afán de mantenerlo todo limpio la llevo a abrir la puerta, pero no pudo, estaba fuertemente cerrada. Más tarde, con la frustración de la juventud que la abrazaba, se acerco a la “dueña” (doncella de responsabilidad del castillo) y le pido la llave maestra para limpiar una estancia. Una vez con la llave, bajo rápidamente a limpiar y porque no, a curiosear el lugar, abrió la puerta y descubrió unas escaleras, que bajaban en la oscuridad, agarro con fuerza una vela y comenzó a bajar las escaleras. Llegó a otra puerta que abrió con la llave.
Una pequeña línea de luz que se colaba por los muros de piedra, hacían que tuviese algo más de luz, y sin más demora comenzó a barrer el suelo de piedra Al girarse hacia un lado, contemplo una figura humana enorme, junto a la pared, un grito casi ahogado por la falta de aire se le escapó, al tiempo que cayó al suelo sobre sus posaderas, allí permaneció unos segundos eternos. Poco a poco se fue tranquilizando y pegada a la pared se incorporo sin dejar de observar a la figura. La figura, cabizbaja y sentada, parecía ser una estatua, Adeline se fue acercando, con mas curiosidad que miedo, y con precaución acerco su mano para tocar su rostro. Estaba frio y húmedo pero parecía “vivo”, Adeline se asusto ante ese pensamiento, no sabía qué hacer, si avisar a la “dueña” o salir, cerrar y que nadie supiera que había estado allí. Esa enorme figura de “barro” que parecía respirar vida, la tenia congelada. Tomo una decisión, se giro y salió con premura de la habitación, tan absorta en la imagen de la figura, que no se percato de otra, con la que se dio de bruces.
De nuevo Adeline sobre sus posaderas en el suelo, sin saber que había pasado, alzo la mirada y vio al Conde Guy de Ferrieres. No podía ser, el primer día y ya se había metido en un lio.
De nuevo unos segundos eternos, el Conde, con rostro serio, le alargo la mano, y ella temerosa accedió a cogérsela. Adeline se incorporo, bajando la mirada, para no cruzarla con la del Conde, esperando una reprimenda, un castigo, sin saber que le esperaba.

El conde comenzó a hablarle en un tono muy serio, de el porque de su estancia en la habitación, Adeline solo contesto:
-      “Tenia que limpiar!” en un tono temeroso y casi imperceptible.

Pasaron los días y Adelina continuaba con sus tareas en el castillo. No podía olvidar la habitación, ni la figura de barro. Tras una semana, casi sin esperarlo, la dueña se acerco y le dijo que el conde requería su presencia.
Adeline caminaba con paso temerosa hacia el salón. Pensaba en que le iba a suceder y que su familia iba a estar decepcionada con ella.  
Vio al conde en la puerta del salón y conforme llego cabizbaja, este le espeto un “sígueme Adeline”.
Tras el Conde, Adeline se dio cuenta que iban camino de la habitación de la figura de “barro”.Una vez en la habitación el conde le pregunto:
-“ que ves aquí?, Adeline”.
Sin saber muy bien que contestar, le salio:
- “un gigante de barro”.
El Conde siguió preguntando:
-“¿porque lo tocaste, acaso no tenias miedo?”
-“¿debia temerlo, Conde?
El conde la miro fijamente y comenzó a hablarle:

“Adeline, eres la primera persona que toca al Golem, él simplemente soy yo, o mejor dicho una parte de mi. Antes de morir mi padre yo era distinto, más cruel, más déspota de lo que un hombre debería ser. Al morir mi padre , en el testamento me dejo la llave de la habitación y una carta en la que describía ,que aparte de las posesiones me dejaba una figura para que no olvidara nunca mi lado que debo ocultar, comprendí lo que mi padre me quería demostrar y tome la decisión de que siguiera escondida. Cuando te vi en la habitación el otro día, no pude más que pensar, en lo que habías visto tras ese Golem, la fealdad, la frialdad, cosas que no quiero en mi, ni quiero que vean en mi. Pero también, me hiciste pensar en que esas cosas eran y son parte de mí, aunque apartadas o controladas, como quieras verlo. El caso es que he decidido, que no necesito ocultarlo. Se quien soy, se quien quiero ser, y para ello no me debe importar si me juzgan por lo que fui, sino por quien soy ahora. Adeline, no temas, a partir de ahora serás la que sustituya a la dueña ,cuando esta se retire, así que serás su mano derecha, yo colocare el Golem a la vista de todos , para recordarme quien fui y que el resto también puedan ver mi otro lado, aquel que decidí un día apartar.”


miércoles, 13 de julio de 2016

Miguel y Noelia, arquitectos resilientes.



Muchas veces lo digo y por muchas veces que lo repita, sigo sorprendiéndome de la gran habilidad ,que como seres humanos , tenemos para ser constantes resilientes y creativos, aunque la situación sea adversa.

Ahora en verano es frecuente ver a la gente en el borde de la playa jugando con la arena, digo “gente” por generalizar, ya que no solo los niños lo hacen. Así que, como en las obras reales, tenemos a pie de playa todos los elementos de una construcción, el obrero (niño/a de turno), el jefe de obra (padre/madre), y el publico a pie de obra (aquí suele coincidir, con la imagen de un anciano observador, aunque suele haber otros). En ocasiones, lo que empieza siendo un juego sin más, donde la creatividad del niño/a y su imaginación deberían ser las fortalezas de la construcción, acaba con la intervención del “jefe de obra” u otros observadores, para “mejorar” la construcción, dejando de observador al principal protagonista de la construcción inicial. Intervencionismo? , “educación prusiana”, presión por el trabajo eficiente?, la verdad es que la sociedad nos ha obligado a pensar, que nuestros vástagos tienen que ser mejores en todo, superar a todos, pero ese todo es material, nadie se preocupa del crecimiento moral o emocional del menor, dejando que construya un simple castillo a su manera podemos observar mucho de cómo aprenden y mejoran, y ver de otra forma, que no todo el aprendizaje es como creemos que es.

Miguel y Noelia son dos amigos, simplemente pasando un día de playa. Desde la sombrilla bajo la que estaba escribiendo, me percate de que los dos, armados con cubo y pala, hablaban con sus mayores para ir cerca de la orilla, a construir un castillo de arena. Había algo en ellos que me llamo la atención, intervenían coordinadamente para dar todo tipo de explicaciones que convencieran a los mayores de su nueva situación, parecía una presentación propia de una pareja de abogados frente al jurado. Tras unos minutos sonrieron y con la aprobación de los adultos, comenzaron camino hacia la ubicación conseguida. Una vez allí comenzaron a construir algo similar a una montaña de arena, seguían coordinándose como trabajadores veteranos, dándose instrucciones mutuas, resolviendo problemas en el amontonamiento y sujeción de la arena. La situación cercana al agua, hacia que la construcción tuviera problemas de estabilidad, los dos se pararon de pie mirando la construcción, (yo en alguna ocasión, con la fascinación del adulto que cree que todo lo sabe resolver, tuve la tentación de acercarme a ayudarlos, reprimiendo mi tentación, preferí levantarme y acercarme a la orilla a observar y oír lo que trataban). Como decía, se encontraban de pie frente a la construcción, y su conversación trataba de cómo lograr que el castillo aguantara, propusieron varias formas que iban probando, y que el agua finalmente hacia caer, ante cada fracaso, Miguel y Noelia miraban la situación, analizando y de nuevo intercambiando ideas, tras bastante tiempo de “juego”, los adultos llamaron a Miguel y Noelia, recogieron sus instrumentos de juego y corriendo regresaron.


Recapacitando sobre el juego, había visto como se trabaja en equipo, como se resuelven problemas, se implementan soluciones, aparece un “brainstorming” para el proyecto, y sobre todo constancia y resiliencia, todo esto es lo que en el mundo adulto se necesita, no?, y con el juego sin intervención de adultos se habían planteado todas estas situaciones. Mi abuelo solía decir obviedades, pero no por ello dejaban de ser ciertas, “Los niños, no son tontos, son niños”. 

Tal vez lo único que nos dice esto, es que el punto de vista de un adulto esta contaminado de demasiadas experiencias, que tapan a otras igual de importantes, tal vez intentamos en ese afán de evitar males , privar de experiencias negativas como la frustración al o la menor , pero de todas se sale fortalecido, igual solo deberíamos observar los juegos e intervenir al final (feedback), para preguntar si lo pasaron bien y que hicieron, o incluso mejor, ponernos en modo niño/a, quitarnos el abrigo de adulto y dejarnos ese bañador de recuerdos con el que jugábamos sin complejos en la playa, jugando con ellos , compartiendo descubrimientos como si fueran nuevos realizando ideas locas, simplemente porque salgan de un consenso, os dejo que penséis mil más, que seguro encontráis, yo voy a ponerme mi modo niño y escribir un cuento para la próxima entrada , disfrutad del verano….      

               

miércoles, 6 de julio de 2016

El saco de Daniel



Hace poco tiempo que Daniel vino a visitarme, con la excusa de un café debido, pero con el hecho de que necesitaba de un “psicólogo” de café y tarde lluviosa. Daniel al igual que muchos, es de los que divaga por la vida tras experiencias, tras ilusiones, remando contra corriente aun sabiendo que no llegara al nacimiento del río que busca, simplemente acabara en un afluente perdido donde dejara la embarcación y volverá buscar un camino a pie.

Como en todos los casos, en los que Daniel venia a visitarme, llevaba  bajo su brazo la historia de una desilusión, de una melancolía, de una añoranza…
En los comienzos de la historia, mientras cogía la taza humeante de café, no pude dejar de fijarme en la bolsa que tenia colgada del hombro, a modo de cartera, pero parecía hecha de tela de saco.

La historia como otras muchas, pretendía ser la de una desilusión, la más que probable esperanza, de que las personas sean como pensamos, que deberían seguir el camino marcado por nuestro recto y trabajado “pepito grillo”. Contaba la desilusión con una amiga, con la que termino la relación tras unos años de compartir vivencias. Su frustración por no haber podido o sabido llevar esa situación.  

Había tenido la misma conversación con Daniel más de una docena de veces, pero se ve que “en la repetición de la plegaria esta la penitencia”. La misma respuesta le di:

 “Daniel debes vivir y hacer lo que creas que debes y no esperar que la gente haga lo mismo que tu, simplemente porque no son tu, cuando algo acaba no busques explicación, guarda los momentos que merezcan la pena, para recordarlos, y sigue buscando otros”.

Esta vez, Daniel asentía, como sabiendo que yo iba a ser igual de “cansino” que las otras veces, reconociendo en parte la razón de la frase. Pero note que la cara de Daniel tenía algo más que decirme. Así que espere en silencio, a que se arrancara con algún nuevo tema, el sonrío, agarro su bolsa de saco, la puso sobre la mesa y dijo:

“Te he hecho caso aquí tienes”, puse cara de circunstancia, como esperando más explicaciones.

“Veras, con un saco que tenía, he hecho una bolsa donde guardar esas experiencias, durante un tiempo, meto en la bolsa algún objeto o foto que me haga sonreír recordando, hasta que creo que ya no lo necesito y guardo el objeto , tengo la bolsa como mi saco de recuerdos y eso me ayuda a llevarlo mejor ”.

Tras unos segundos de asimilación, le respondí en un alarde de sinceridad:

“Daniel eres muy “rarito”, por no decirlo en ingles (“freaky”), pero si a ti te sirve”.

Daniel sonrió, y de sonrisa paso a risa.

Lo que acabamos haciendo para poder salir emocionalmente de las situaciones, sino fuera así, igual no tendría sentido tener un blog , digo yo.