La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada. José Ortega y Gasset

viernes, 18 de julio de 2014

Conversando con Casimiro



Últimamente no salgo de estos temas, pero la realidad, mi realidad, manda y cuando solo ocurre que la gente que conoces desaparece, todavía más.

Cristina siempre se las daba de valiente, siempre era la que hacia frente a los problemas, a las situaciones comprometidas, a los municipales, a todos cuando algo no le cuadraba.
Me imagino que después de una charla con ella, unas cuantas horas de cafés, y de sinceridad. Me perdonara este relato J .

Estaba de punta en blanco como decía mi abuela, aunque era un traje ligeramente rosa, para los puristas un tono lavanda. Como decía, estaba en la parada de autobús, junto a ella un señor de unos 80 años con cara amable, podría decirse que con el aspecto del abuelo de Heidi.
Ella le miraba de vez en cuando mientras esperaba en la parada, el mantenía la mirada en el horizonte mientras sonreía. Cristina era de las que no podían estar sin hablar mucho tiempo, así que se dirigió al anciano.
- “Buenas, como esta”
El anciano se giro, sonrió y con voz profunda y grave le respondió
- “Bien cristina estoy bien, y tu”
Cristina se sorprendió, conocía su nombre, “yo no conozco a ese señor de que me conocerá?”.
Volvió a dirigirse a el, esperando recordar de que le podía conocer, esperando reconocerle o que  descubriera el mismo de que la conocía.

- “Bien esperando como usted supongo, aunque hace un día tan bueno que la espera se hace relajada ¿no?”
- “si Cristina, hace un día perfecto” mientras seguía sonriendo.

Esto no estaba funcionando, como seguir sonsacándole sin que se percate. Uff, quien era ese señor?
Cristina sonreía, esperando que el anciano siguiera la conversación, pero no era así y la sonrisa podía convertirse en sonrisa de tensión.
El anciano de repente comenzó a hablar.
-“Que quieres que te cuente Cristina?, donde te conocí? , cuando? , o quizás prefieres, un resumen de todo”.

Cristina no se lo podía creer, le había leído la mente o que, era tan evidente que no le conocía? , el anciano se había percatado tan rápido.
-“Verá, tengo un día, y con lo despistada que voy a veces…” se sonrojo levemente.
- “No te preocupes Cristina, mira me presentare. Me llamo Casimiro aunque me conocen por otros nombre la verdad es que tengo unos cuantos, pero no viene a cuento. El tema es que mientras esperamos te puedo contar algunas cosas sobre ti.”
Cristina no salía de su asombro, miedo y curiosidad era lo que notaba.
Solo salio de su boca un tímido “vale”.

El anciano sonrió y comenzó a contarle historias sobre ella. Los ojos de cristina se hacían cada vez mayores, sorpresa, confusión, no entendía nada.
Tras un buen rato el interés por la conversación la relajo, y en algunos momentos sonreía. Pasaron muchas horas y pero no se hacia de noche.
Llegado un punto el anciano se levanto con ademán de despedirse. Cristina inquieta, confusa se levanto de un salto.

-“Entonces, Casimiro ahora tengo que ir yo sola?”
Casimiro sonrió,
-“podemos si quieres dar un paseo y hacerlo todo lo largo que quieras”.
Cristina, sonrió de nuevo.
-“Y me contaras mas de mis amigos y familia”.
-“Si, Cristina y sabrás, por fin, quien te quiere, y quien te ama, y quien te echa de menos y quien se preocupa por ti, y quien fue sincero contigo y quien estuvo siempre a tu lado sin saberlo, y quienes estuvieron en tu vida”.

Comenzaron a caminar
 - “Casimiro?”
- “Dime Cristina”
- “Te puedo llamar muerte, siempre he sido un poco rarita para esto".
Casimiro sonrió de nuevo,

-“ claro como tu quieras te he dicho que tengo muchos nombres”.

PD un abrazo desde mi corazon

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