La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada. José Ortega y Gasset

martes, 16 de diciembre de 2014

Un café de 20 euros, la sonrisa y la mujer en la ventana



Daniel como cada día antes de ir a trabajar, se acercaba a la cafetería donde ya era un habitual .Paco, tras el mostrador, lo llevaba viendo unos 20 años y viviendo  la misma imagen siempre. Daniel entraba con un “buenos días”, ligeramente cabizbajo, se sentaba cerca de la esquina de la barra junto a la ventana. Paco le acercaba el café con leche, largo de café, sin el sobre de azúcar. Daniel con un "gracias" cogía la taza todavía humeante y comenzaba a tomar el café a pequeños sorbos.

Al cabo de unos segundos de empezar a saborear el café, miraba a través de la ventana .Enfrente se encontraba una mercería vieja seguramente tendría mas de 50 años .Paco siempre miraba de reojo,por ver si conseguía ver lo que miraba Daniel, pero en 20 años no hubo forma. Solo tenía claro que en cierto momento, cuando el sol comenzaba a dar en la cristalera de la mercería cerrada , Daniel comenzaba a mostrar una sonrisa, su mirada se iluminaba y parecía que era otra persona. Durante unos 10 o 15 min mientras tomaba el café y miraba tras la ventana, muchos de los habituales de la cafetería lo veían sorprendidos de la sonrisa de alegría que radiaba. Algunos le comentaban a Paco si al café le ponía algo más que el café.
”Échame una chorradita de eso Paco”, le solía decir Sebastián que tenía un taller junto a la cafetería.   

Daniel falta desde hace unos días a su cita con el café, y Paco intenta saber el porqué, pregunta a unos y a otros de los habituales  si saben porque, pero nadie parecía conocer a Daniel mas allá de un buenos días. Tras unos días de frustración por no descubrir el motivo. Sebastián entro en la cafetería con semblante serio.
Daniel murió hace una semana, tenía 64 años, y durante los últimos 20 años venia desde su casa a unos 40 km a tomar un café.
Paco sorprendido por lo que le decía Sebastián, comento
” Venia de 40 km aquí?, el café le salía a 20 euros por lo menos“.
 No sonrió a pesar de que el comentario intentaba quitar seriedad al asunto.


Sebastián, mediante un cliente se entero, que la mujer de Daniel murió hace unos 20 años y desde entonces el venia, donde decía que sonrió con ella la ultima vez. Su recuerdo frente a la cristalera  de la mercería ,era su café diario, su sonrisa diaria, su pequeño oasis de felicidad. Daniel recordaba a su mujer a través de esa ventana. Tenía ese pequeño momento en su retina cada día, tenía esa sonrisa para comenzar cada día.

4 comentarios:

  1. Con tu permiso lo he reblogueado: http://bit.ly/133Dz2o
    Un abrazo y feliz pre - navidad

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