La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada. José Ortega y Gasset

martes, 18 de septiembre de 2012

Sobrevivir a un ERE o empresas-chapuzas


El meterme en ciertos campos, en los que de momento no soy más que un mero aprendiz, solo me puede llevar a cometer errores pero esta es mi visión.

Uno de los errores que cometen muchas empresas tras llevar a cabo un ERE, es no dar importancia a los procesos que afectan a los trabajadores: la angustia por trabajo adicional (stress), sentimiento de culpa por el despido de otros trabajadores, disminución de la moral y desmotivación, desconfianza ante al dirección de empresa, escepticismo ante el futuro y  reducción de la productividad. Y esto no es más que un círculo vicioso, pues si cae la productividad, caen las ventas y aumentan de nuevo los despidos. De ahí la importancia que adquiere la comunicación, para evitar que se conviertan en un síndrome. Para ello, hay que explicar muy bien los motivos por los que se ha tomado esta decisión. Estar pendiente de los trabajadores en el escenario laboral, hacer un seguimiento de la plantilla y realizar una gestión más afectiva. Y para ello es necesario dedicarle un tiempo.

La incertidumbre, las sorpresas y los giros en la estrategia (como el cocodrilo que muerde a un tronco que pasa), al fin y al cabo la falta de comunicación directa o la coherencia, pueden pasar factura afectando al rendimiento.

Las empresas no pueden permitirse una plantilla de supervivientes. Simplemente porque muchos de ellos comienzan a pensar en buscar otro trabajo, porque ya no se sienten seguros en la empresa.
Aunque realmente no lo parezca, esto es solo por la sensación de miedo que genera la falta de seguridad en la compañía. Los que siguen en la empresa temen perder el trabajo en cualquier momento y evitan hablar mal de su organización a los amigos, compañeros y familia e, incluso, fingen que todavía tienen ese sentimiento de compromiso con ella, es el compromiso del miedo.

Los supervivientes no son más que el resultado de la falta de comunicación de las empresas con el trabajador, de dedicar toda la atención a la bajada de ingresos, de no pensar en que el feed-back es lo más importante para que una empresa funcione. El empresario se juega su dinero, si, pero el trabajador hace que esa inversión sea rentable para los dos, y con un superviviente no lo conseguirá.

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