La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada. José Ortega y Gasset

miércoles, 20 de febrero de 2013

Holender, el maestro de los disfraces



Repetimos las cosas que nos gustan, que si un plato nos pirra pues ale repito y tomo dos, como si la gula no existiera. Pero quien se resiste al guiso de una madre, o a las croquetas de la abuela, o a aquel arroz en el chiringuito. Pues eso que repetimos. Repetimos, la ropa, muy a menudo repetimos en exceso, algo que nos gusta porque nos vemos bien con ello, nos sentimos cómodos, o entramos en el campo astral de la creencia absoluta que nos resalta los bíceps, o nuestras piernas, o el trasero y vamos convencidos de ello. Nos ponemos hasta aburrir ese modelo con el que nos vemos cual afrodita o adonis de turno. Aun a riesgo de que al final se nos conozca por el sobrenombre de "el del polo rojo manzana", o "la de la falda azul cobalto" o sin mas "el hombre chándal".
Si, somos así, repetimos sin mas, como animales de costumbres nos lanzamos a la placentera y alevosa frase de porque si porque me gusta.


Holender, basicamente era un aprendiz de detective, un poco simple, solo con su intuición y su mirada melancólica, de no haber hecho nada, ni siquiera bueno.
Esta historia la saque de uno de tantos libros extraños que caen en mis manos, uno de esos entre historia vital, redescubrimiento personal y autoayuda. La cuestión era que Holender como buen animal de costumbres, tomo la decisión de ocultarse bajo un disfraz para realizar su trabajo. Un disfraz que creía perfecto, uno que por más que usase no percibía la imperfección, de que siempre era el mismo y que sin darse cuenta la gente acabo reconociendo como normal. La gente acabo dejando a un lado la sorpresa y paso a la aceptación, al reconocimiento y como continuación la indiferencia, esa que Holender confundía con la acción de su magnifico disfraz.

Uno de los días volvió cansado al despacho, con su disfraz perfecto, muy agotado tanto que no se percato de que un vecino reparaba la puerta de la escalera .Holender entro en su despacho se cambio, quitándose su disfraz perfecto, recogió sus cosas y salio por la puerta cruzándose con el vecino que antes no vio. El vecino le saludo y le dijo:
" Ya se va?, no ha podido encontrar al Sr. Holender?, creo que le he visto entrar en su despacho seguro que estara dentro" .

Holender descubrió que su disfraz tan perfecto, no era mas que el mismo, y que el con su disfraz pasaron a ser el Sr. Holender, su mejor disfraz.
Y es que no hay nada como repetirse en lo que no somos, para que lo que somos desaparezca. Sr. Holender varié sus disfraces, y sobre todo no se los crea.

1 comentario:

  1. David .................. eres un gran maestro. Enhorabuena, este artículo es una joya.
    Un abrazo.

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